La vida de la población civil iraquí es realmente dura: a inseguridad y el clima de violencia se unen gravísimas deficiencias en los servicios que hacen que la vida diaria de los iraquíes se haya convertido en un horror.
Desde hace cuatro años, en la mayoría de los pueblos y ciudades del país se producen frecuentes y continuos cortes en el suministro eléctrico. El agua también falta y la que hay es cada vez más insalubre. Incluso la gasolina presenta problemas de suministro.
Un 75% de los niños en Bagdad, al igual que en otros muchos lugares del país hace mucho tiempo que no van a la escuela desde hace años, principalmente por el gravísimo riesgo que corren en el trayecto desde su casa a los centros educativos. La Universidad de Bagdad, que hace solo unos años era la más prestigiosa de oriente próximo no es más que una institución fantasma y unos edificios arruinados.
Los mercados están desabastecidos además de ser muy peligrosos pues son frecuentemente objeto de ataques y atentados. Los precios se han encarecido increíblemente y las economías familiares no pueden soportarlos.
Cruz Roja habla que más de una tercera parte de la población iraquí vive en la pobreza.
El sistema sanitario está absolutamente destrozado. Los hospitales, que tienen que atender cada día varios cientos de heridos a causa de la violencia, están totalmente colapsados. Llevan años careciendo de los más elementales suministros. No hay medicinas, los aparatos que se estropean no pueden repararse, incluso también en los centros sanitarios falta la luz y el agua corriente. También hay una enorme carencia de personal sanitario. Muchos médicos han huido, otros han muerto y los que quedan en servicio no todos los días pueden llegar a los hospitales.
Y cada vez son más enfermos; debido a las malas condiciones de vida, han aumentado las enfermedades infecciosas y respiratorias, y todas las derivadas de la malnutrición, que afectan especialmente a los niños. A esto hay que añadir la extraordinaria incidencia en Iraq de malformaciones congénitas, especialmente cardiacas, y enfermedades oncológicas derivadas de la utilización de uranio empobrecido y armas químicas durante la primera Guerra del Golfo y los últimos años del régimen de Sadam. UNICEF ha manifestado que el uranio empobrecido ha causado la muerte de más de 50.000 niños iraquíes desde 2001.
El paro alcanza a más de tres cuartas partes de la población y los que tienen empleo frecuentemente no pueden acudir a su puesto de trabajo por el riesgo de salir a la calle o por cortes de tráfico a causa de los atentados.
Más de dos millones de viudas, sin preparación ni experiencia laboral, tienen que sacar adelante a sus hijos. Los niños huérfanos se cuentan por millares. Ha aumentado el numero de niños de la calle alarmantemente. Muchos de ellos son traficados, objeto de todo tipo de explotaciones, incluidas las más violentas. También los menores discapacitados psíquicos son utilizados como bombas humanas, como ha denunciado recientemente la ONU.
Las pésimas condiciones de vida, unidas a la persecución religiosa han producido el éxodo de una gran parte de la población. Se calcula que más de dos millones de iraquíes han abandonado el país, y otros dos millones han sido desplazados dentro de Iraq. Los países vecinos de Siria y Jordania son los que principalmente están acogiendo a la mayor parte de estos refugiados iraquíes. No existe ningún plan internacional de ayuda a estos refugiados iraquíes.
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