MÉXICO :: MILENIO.com :: Francisco Mejía :: 04 de junio de 2008.
Sergio tiene 14 años. Estudia en la secundaria República de Cuba en Iztapalapa y desde hace tres meses introduce a ésta grapas de cocaína que vende a sus compañeros en 30 pesos cada una; éstas le son entregadas a través de un hoyo o rendija en la barda del plantel. Para el jefe delegacional, Horacio Martínez, es un “hecho revelador que existen en escuelas redes de distribución de droga”. La escuela mencionada puede ser una de ellas.
En estos momentos, según el funcionario, se conoce el caso de dos planteles en la demarcación “para concluir que hay niños y jóvenes que distribuyen droga ahí”. Adentro de la escuela y el mercado son los propios niños los consumidores cautivos.
En exámenes antidoping aplicados en alrededor de 20 escuelas secundarias y de nivel medio superior de Iztapalapa, “más de 60 niños resultaron positivos”. Las drogas de mayor uso en esos planteles son la mariguana, solventes y cocaína.
En la zona de San Lorenzo Tezonco la droga corre todo el día y toda la noche. Eso es lo que dicen los vecinos. Pero van más allá, “los policías (Base Faraón) están coludidos con los narcos; ellos los protegen. Aquí todos los vemos cómo se arreglan entre ellos. La policía llega con los narcos, los acerca a la camioneta, o buscan, dan la vuelta al poste, a la banqueta. Dicen qué buscan y se van, nunca encuentran nada. Pero los hemos visto que después se arreglan entre ellos”.
—¿Es cierto eso?, se le pregunta al delegado.
“Que nos entreguen los números de patrulla… Es el sector que tenemos ahí (Faraón). Está el caso de un sujeto que hemos detenido en tres ocasiones y lo han soltado en el Ministerio Público, pues se declara adicto. Hemos insistido que ese esquema de las Unidades Mixtas de Atención al Narcomenudeo de la Procuraduría General de la República no sirven.
Para el delegado metropolitano de la PGR, Ricardo Nájera, las UMAN estarían por entrar en una reestructuración de sus programas. Se pretende una mayor colaboración entre las diferentes esferas de gobierno. “Una mayor eficiencia en la detención de gente relacionada con el narcomenudeo”, pero también le entrarán a la atención de las adicciones.
Actualmente, la Ciudad de México cuenta con cinco unidades de ese tipo ubicadas en la Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza, Zona Rosa, Álvaro Obregón e Iztapalapa. De diciembre de 2006 a abril de 2008 han pasado por ahí mil 178 niños, jóvenes y adultos acusados de delitos contra la salud.
Para el funcionario de la PGR resulta difícil penalizar la estancia de muchos de ellos. “Difícilmente se les encuentra con más de dos o tres grapitas, porque saben que si se les sorprende con más serían sujetos a proceso”. Por ello, los narcomenudistas dan varias vueltas en sus bicicletas, donde van y vienen con la mercancía.
La utilización de mujeres y niños en la venta de droga va en aumento. “Se ha ido incrementando cada año. Hay de todo”. La PGR, dice, se auxilia por las denuncias ciudadanas y la investigación que se hace previo a que el juez expida la orden de cateo.
Pero en tanto, la adicción y la venta de droga crece e Iztapalapa es ejemplo de ello. Según el jefe delegacional, en menos de seis meses los puntos de venta de droga crecieron a mil 500. En aquel tiempo eran mil. Se queja que “ha habido una mínima participación de la PGR en comparación del problema que se tiene”.
En la distribución de droga hay “un caso emblemático”. En uno de esos planteles escolares una señora “nos llevó una manzana con una perforación por donde introdujeron mariguana; están buscando nuevos mecanismos para la distribución de la droga al interior de las escuelas. Esa manzana la introdujo un menor”.
La venta de droga sucede en todos los rincones de la ciudad y las escuelas son las más afectadas. En la colindancia de Tláhuac e Iztapalapa, por el rumbo de Las Minas, se encuentra un asentamiento donde hay maras. Son “los transmisores” de los grandes capos que, según dicen los vecinos, están relacionados con un político de la zona. Esos jóvenes utilizan bajo amenaza a los menores de edad para la introducción de la droga.
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Fue como la muerte de un perro. “¿Cómo es la muerte de un perro?”, se le preguntó a Fermín, “ahí en el rincón, echado, abandonado…” El rincón es una atarjea por el rumbo de Buenavista que pisan decenas de personas que pasan por ahí, indiferentes. Alrededor de ella, los chamacos se meten todo por la boca, por la nariz... La droga. Uno de ellos, cuando la oscuridad cae, saca su lata de refresco cortada transversalmente, deja caer la roca, el polvo, la lumbre, la maneja para acá y para allá y le entra duro. En su cara se refleja la angustia y no sabe que eso ya no es piedra base; fue coca, pero ahora con muchos cortes y que, según especialistas, es la que mata más pronto.
Su piel estaba amarilla, su cuerpo flaco, sus ojos hundidos, sus dedos largos, los orificios de la nariz bien abiertos, sus labios secos, su pelo parado y seco, sus piernas flácidas, los dedos de los pies amarillos. Piel deshidratada. Sus orejas puntiagudas, “era un miserable”, dijo el señor de la tienda más cercana.
El chamaco de la calle, el que murió como un perro en la atarjea, su casa, es uno de los 184 fallecidos en los últimos años que consta en el registro de El Caracol, informa su coordinador ejecutivo, Luis Enrique Hernández. Son muertes producto del consumo de anfetaminas y solvente las más de las veces. Pero en el registro oficial queda como deceso por frío, desnutrición, accidentes de tránsito o por una caída. Pero no, son las víctimas de las drogas.
Dicho organismo no gubernamental que se dedica a asistir a niños de la calle, tiene referencia de que en las delegaciones Venustiano Carranza y Cuauhtémoc, esta población es víctima de los pequeños distribuidores de droga que abundan. Se les entrega solvente o dosis de piedra a cambio de que la vendan al interior del grupo o en sus inmediaciones.
El Caracol tiene un dato: “En 90 por ciento se consume solvente; pero de unos ocho años a la fecha el consumo de crack se incrementó de manera alarmante y no hay políticas públicas que atiendan eso”.
Fuente: http://www2.milenio.com/node/27819





